LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LAS ARTES MARCIALES

La dimensión espiritual de las artes marciales

 

"Aquel que desee vivir en un arte marcial oriental, más bien que sólo practicarlo en un nivel físico, debe entonces entrenar su conciencia para alcanzar una autodisciplina, de modo que al final su mente consciente se mezcle en una identidad con el mismo principio de la vida misma"

Maurice Zalle.

 

La práctica tradicional de las Artes Marciales está experimentando ahora una especie de renacimiento, y esto es en gran parte debido al hecho de que muchas personas están comprendiendo la existencia de los componentes espirituales esotéricos que están detrás de algunos estilos ampliamente conocidos. Las Artes Marciales ya no son consideradas como remanentes de viejas culturas sino como métodos válidos y eficaces de conseguir un crecimiento espiritual. Ellas realmente fueron formuladas para dicho propósito desde el principio.

 

Entre la miríada de opciones contemporáneas para desarrollar el espíritu, las Artes Marciales permanecen como uno de los sistemas más antiguos y más universalmente eficaces para la enseñanza de ideas internas que despiertan la dimensión espiritual en todos los aspectos de la vida.

 

El verdadero valor de estudiar las Artes Marciales radica no en el aprendizaje de la técnica o sistema mismo, sino en la adquisición de cualidades internas particulares que son desarrolladas a través del proceso de aprendizaje. Los ejercicios físicos son la materialización de principios filosóficos abstractos. Los sistemas y destrezas que se adquieren a través de ellos, enseñan al estudiante acerca de las cualidades de la energía, de flujo y reflujo, y el potencial tanto creativo como destructivo. Los patrones de trabajo enseñan al estudiante acerca del equilibrio, la dinámica y la intuición del espíritu natural.

 

El legendario esgrimista japonés Myamoto Musashi descubrió que mientras más buscaba la habilidad y la eficacia en su entrenamiento, más buscaba la habilidad y la eficacia en todas las cosas. Él comenzó a buscar el objetivo más profundo en todo lo que él hizo.

 

Él encontró que cada parte de su vida afectaba a cada otro aspecto, y comenzó a buscar la espiritualidad en todas las áreas de su vida.

 

El combate hace grandes demandas a las capacidades del guerrero. Tales demandas actúan como poderosas situaciones de aprendizaje para el auto-descubrimiento y la auto-confrontación.

 

"Derrotar a mil enemigos está bien, pero el samurai que se derrota a sí mismo es el más grande de los guerreros" (El Dhammapada).

 

El practicante de Artes Marciales ni ignora ni espera la muerte, pero camina derecho hacia ella.

 

En las Artes Marciales la muerte es una presencia constante. La actividad entera gira alrededor de ella. El ataque, la defensa y el contraataque son todos realizados como si una verdadera situación de vida o muerte estuviera implicada. Con la habilidad aumenta el vigor de las acciones. El practicante encara la muerte y hace la paz con ella, en el conocimiento de que es inevitable. Con este entendimiento, allí no existe más miedo, y el practicante de Artes Marciales se libera realmente.

 

Todos los sistemas espirituales establecen una confrontación con la muerte, ya que encarar a la muerte es quizás el elemento más importante de la espiritualidad. Las prácticas preparatorias básicas del budismo implican el reconocimiento de que la vida de uno es corta y que uno puede morir mañana. En el rito Chod del Tíbet, los practicantes visitan un cementerio por la noche (donde los cadáveres son dejados expuestos a los elementos y a los animales carroñeros) e invitan a los demonios a venir y tomarlos.

 

El miedo a la muerte es el mayor obstáculo para el artista marcial. Este miedo tiene una cualidad de rigidez, o de parálisis, o de pérdida del control; uno puede congelarse con el terror, o uno puede entrar en pánico y reaccionar ciega e irracionalmente. Tales reacciones, que se entrometen en el momento crucial en el combate, significarán la muerte, incluso para el luchador técnicamente consumado.

 

Pero la libertad con respecto a este miedo incapacitante libera grandes poderes. Hay una historia de un Maestro de la japonesa Ceremonia del Té de la provincia de Tasa, un hombre de ninguna habilidad marcial pero de gran logro meditativo y espiritual. Él por casualidad ofendió a un samurai de alto rango y fue desafiado a un duelo.

 

La aceptación y el triunfo mental sobre la muerte es el mayor poder del artista marcial, en el cual él se concentrará en el hecho de que él tiene poco tiempo y que por lo tanto deja a sus actos que fluyan. Cada acto es su última batalla en la Tierra, y sólo con esta filosofía sus actos tendrán su poder legítimo. De otra manera ellos serán, mientras se esté vivo, los actos de un hombre tímido.

 

Dominio de la energía

 

Para el artista marcial, la Energía se manifiesta dentro de cada individuo como espíritu, y el espíritu en cada individuo se manifiesta como la mente. Esta Energía o "Chi", como es conocida en China, o "Ki" en Japón, lo impregna todo, y de aquí que sea tanto la conexión más fuerte del artista marcial con su enemigo así como su arma más fuerte contra éste.

 

El dominio de esta energía es un elemento central de todas las formas tradicionales de la práctica de las Artes Marciales. Dos expresiones ampliamente reconocidas de este ideal son el arte chino del Tai Chi Chuan, y el arte japonés del Aikido.

 

Mucho nos sorprende encontrar grandes maestros de Artes Marciales ancestrales, de edades muy avanzadas, cuando, en cualquier deporte, a partir de los treinta, o a lo sumo, de los cuarenta años, los

practicantes están obligados a retirarse porque ya no pueden cumplir con las exigencias que se les demanda.

 

"El universo está completamente hecho de estas dos formas de energía, y a fin de que todas las cosas progresen armoniosamente, las fuerzas de Yin y Yang deben constantemente interactuar la una con la otra. Mientras hacen eso, cada una debe evolucionar, con el tiempo, hacia su opuesta, tal como el día gradualmente se convierte en la noche. Por esta razón, todo lo que parece ser Yin contiene algún Yang y todo que es Yang también contiene algún Yin, sin lo cual el cambio no sería posible"

Chen Lei.

 

En todas las Artes Marciales, el equilibrio físico y el emocional son co-dependientes. El equilibrio físico ayuda a engendrar el equilibrio emocional. Una comprensión de la naturaleza de nuestro espíritu ayudará al practicante a crear una alineación eficaz de pensamiento y acción. Cuando cada aspecto del individuo está alineado, el individuo está mejor capacitado para adaptarse y cambiar.

 

El Arte Marcial no puede ser racionalizado, sólo experimentado, vivido y realizado. Imposible de conseguir mediante el pensamiento concreto y el análisis, el Camino del Arte Marcial es encontrado a través de la práctica meditativa que involucra tanto a la mente como al cuerpo.

 

Este "vaciamiento de la mente" se aplica a todas las actividades creativas, como el baile y el manejo de la espada. La mente fluye libremente de un objeto a otro, no deteniéndose en ninguna singular preocupación. En este proceso la mente es libre y realiza cada función requerida de ella. Cuando la mente se detiene en un pensamiento singular, pierde su libertad. No puede oír, no puede ver, aun cuando el sonido entra en los oídos o la luz destella delante de los ojos.

 

El Zen mismo surgió como una reacción contra los rituales fantásticos y superfluos del hinduísmo tradicional, y mientras aparece como completamente relajado en la forma, realmente funciona sobre la base de una severa auto-disciplina que apelaba al samurai. Lejos de las rudas prácticas ascéticas de los sistemas contemporáneos, la disciplina Zen implica una forma más sutil e interior que actúa en varios niveles.

 

El núcleo de la filosofía promueve una forma más alta de espontaneidad, libertad y tranquilidad en la acción. Las artes tradicionales se originaron en el Oriente como una respuesta y como ejecución de este estado mental. Muchas de estas artes fueron desarrolladas como medios para conseguir la conciencia Zen.

 

El dominio en cualquiera de estas artes no puede ser conseguido sin la iluminación interior y el poder transformativo del Tao.

 

Generalmente el Zen no promueve la existencia tipo ermitaño encontrada en la leyenda sino que más bien pide que el practicante viva en el mundo en un estado Zen de conciencia que debería ser permanente e impregnar cada experiencia y actividad. El alumno trabajará con su mente y cuerpo hasta que ellos hayan alcanzado el límite extremo de todas las facultades naturales, y finalmente consigan el Satori. Sólo se supone que el estudiante pase el período de adiestramiento en monasterios Zen, y una vez que ha conseguido el Satori, el estudiante vuelve al mundo, eligiendo un modo de vida que calce con sus necesidades.

 

Tal vez la quinta esencia de la habilidad marcial sea la de no permitir que una situación escale hasta la confrontación.

 

“... aunque subamos el alto camino de la montaña por senderos diferentes, si lo hacemos con el corazón y total respeto, seguramente nos encontraremos en la cima ...”

 

 

 

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​© 2018 by Eduardo Barraza Regalado, Guadalajara, Jalisco, México.  

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